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Pedals de Foc. La gran travesía de los Pirineos en bicicleta de montaña

 

Pedal

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José Manuel Almerich, escritor, geógrafo valenciano y compañero de algunas de nuestras rutas ciclistas levantinas, nos cuenta a continuación el viaje realizado en 2008, junto a un grupo de buenos amigos, por el recorrido conocido como Pedals de Foc, en el pirineo catalán. Ya te lo advertimos, si te engancha el relato, corres el riesgo de tener que hacer un hueco pronto en tu calendario para completarlo también tú, nosotros ya estamos estudiando cómo y cuándo:

 

A mediados del año 2005 nació Pedals de Foc. Dos montañeros, Oscar Balcells y Miquel Sánchez, diseñaron una travesía para bicicleta de montaña con la finalidad de unir los pueblos, valles y aldeas de cuatro comarcas del Pirineo Catalán: Valle de Arán, Alta Ribargorça, Pallars Jussà y Pallars Sobirà.

 

La ruta de Pedals de Foc, con la filosofía propia que nos une a los que practicamos el ciclismo de montaña, alejada de la competitividad y del asfalto, aprovecha las pistas forestales, antiguos caminos, senderos que unían pueblos y valles pirenaicos, así como las veredas abiertas por los pastores para acceder a los pastos de altura.

 

Pedals de Foc puede realizarse desde la primavera hasta mediados de octubre. Se puede adaptar a todos los niveles, pero siempre y cuando tengamos una buena forma física y experiencia en salidas de montaña. Lo habitual es hacerlo entre cuatro y cinco etapas. Hay quien lo hace en tres, y los más tranquilos en seis, pero no se trata de demostrar a nadie lo fuerte que estás o lo valiente que eres. Se trata de disfrutar de un entorno privilegiado por la historia y la naturaleza.

 

Alguien ha sido capaz de realizar los 220 Km. de la ruta en menos de 12 horas, pero són deportistas de élite. Una vez al año, atletas de una capacidad física fuera de lo común lo hacen en veinticuatro horas, sin descanso. Pero se trata de un reto deportivo, una competición de alto nivel, una carrera sin tregua. Pero esto no es, ni de lejos, nuestro concepto de viaje.

 

Con Pedals de Foc, lo que se trata es de descubrir y conocer la cultura, la gastronomía, los paisajes y sus gentes con la calma que se merecen. Viajar y contribuir con nuestra estancia, a mantener la frágil economía de los pueblos de montaña, a permitir que sus habitantes puedan vivir dignamente, si así lo desean, en el lugar que les ha visto nacer. A evitar, en definitiva, que la emigración y el despoblamiento acaben con el mundo rural. Hacer la ruta de Pedals de Foc en menos de cuatro etapas es despreciar parte del paisaje, ignorar lo que el escenario natural nos ofrece en Pirineos. Pasar de largo, ver sin observar, viajar sin disfrutar, pedalear sin vivir, vivir sin sentir. Si hacemos la travesía en cinco o seis días, con todas las variantes de la misma, contribuiremos más al desarrollo de la zona y para nosotros también será un continuo aprendizaje.

 

Es muy triste recordar de estos viajes tan sólo la línea blanca pintada sobre el arcén o el trasero de nuestro compañero de delante pedaleando a ritmo constante sin detenerse, tan solo para comer y dormir. En Pedals de Foc los desayunos, las pernoctas, las cervezas y las comidas en ruta quedan en beneficio directo de sus habitantes, de los dueños de los pequeños negocios familiares. Sin agencias ni intermediarios, sin nadie ajeno al entorno rural que pueda aprovecharse de esta situación como en cualquier viaje organizado. Un concepto de trato directo, huésped-hostelero, vecino y visitante. En este sentido, Pedals de Foc es una iniciativa pionera y ejemplar porque un grupo de personas del entorno diseñaron el itinerario, trabajaron duro para ofrecer al viajero lo mejor de sus paisajes, unieron pueblos, hoteles y restaurantes, y han vertebrado el verdadero turismo rural respetuoso con el entorno. ¿Habrá alguna forma más justa y honesta de viajar?

 

Para los que utilizamos la bicicleta de montaña como un medio más que como un fin, como una forma de adentrarnos limpia y silenciosamente en los últimos reductos vírgenes de nuestras montañas, nos damos cuenta que es muy importante el camino por donde ir, descartar de entrada las carreteras asfaltadas y convertir el espacio recorrido en el propio destino. Como me enseñaron en Formentera, todos los caminos merecen ser recorridos aunque no lleven a ningún sitio. La bicicleta de montaña implica además, libertad e independencia. Despierta el interés por el medio y el paisaje y nos hace más sensibles ante las agresiones de las que constantemente es objeto. Con ella dejas de ser un observador pasivo, percibes el viento, el sol, los aromas, el frío y el calor. La aventura se convierte en algo real, personal, apasionante. Pocos itinerarios conozco a nivel europeo tan bien trazados y adaptados a la bicicleta de montaña, un deporte que nace libre. Un deporte solitario para gente que valora su independencia y que tiene, en la investigación geográfica, una de sus principales motivaciones.

 

Facilitar las etapas al excursionista sobre ruedas, poder disponer de un servicio de reservas para alojarse que garantice un lugar donde descansar y reponer fuerzas, tener a mano un taxi que te traslada el equipaje si así lo deseas, y una excelente red de hoteles de montaña, refugios y casas de payés destinadas al ciclista, que no es más que un viajero medieval a lomos de sus montura de metal. La bicicleta de montaña es uno de los deportes más emocionantes inventados por el ser humano. Desde su aparición en la década de los ochenta, se abrieron inmensas posibilidades para viajar, durante uno o varios días, por los lugares más apartados y solitarios de nuestros espacios naturales. Si existe algún lugar donde la bicicleta de montaña pueda disfrutarse en toda su dimensión e intensidad, esta quizás sea la ruta de Pedals de Foc.

 

1ª Etapa. Vielha-Malpás. 53 km.

De la vall de Barravés a la vall de Boí.

 

Desde el momento que Pep, desde su oficina en Vielha, descuelga el teléfono, una intensa sensación de inquietud y nerviosismo te invade por dentro. Por fin hemos conseguido que nos coja el teléfono, y por fin, hemos podido reunir a nuestros amigos de siempre, disponer de los días necesarios y saber que vamos a realizar la travesía tantas veces preparada. El hotel Pirene, a la entrada de Vielha, es el lugar de inicio y final.

 

Especialmente acostumbrados a tratar con ciclistas de montaña, nos permitirán dejar el coche en el parking los días necesarios, sin más condición que dejemos la llave en recepción. A la vuelta, también nos permitirán ducharnos tras la etapa antes de partir a casa. Allí mismo tendremos toda la documentación necesaria e información para conocer la zona que vamos a recorrer. El propio camino hará el resto. La bici nos ayudará a descubrir sus secretos mejor guardados.

 

A la mañana siguiente, puntual como un reloj, está el autobús que nos trasladará a la otra parte del túnel donde comenzaremos la travesía. Un detalle que nos ahorra el peligro que supone pasar el túnel de Vielha en bicicleta. La primera parte comienza en el refugio Conangles y cruza los frondosos bosques que envuelven la vall de Barravés. Sobre ellos, las altas y majestuosas cumbres de los Besiberris, los tres miles que conforman la cresta, junto con Mulleres y Comaloforno, cierran el valle por el oeste. Los primeros kilómetros son divertidos y estimulantes. Cruzamos varias veces el río y quizá este tramo sea el más complejo y técnico de toda la ruta. Cuando lleguemos a la cabecera del embalse de Senet, seguiremos una pista en fuerte ascenso y ya no volveremos a pedalear por sendero hasta el pequeño pueblo de Ginast y en la vall de Boí entre Llesp e Irán. En casa Joanot tendrá lugar nuestra primera comida a base de ensaladas, carne y pasta. Allí también nos sellarán el cuaderno de ruta, una especie de control que certifica nuestro paso por allí, algo parecido a la credencial del Camino de Santiago.

 

Desde la aldea de Irán, comienza un largo tramo de pueblos dispersos y solitarios, algunos abandonados, otros con una sola familia. Treinta y cuatro en total a lo largo de toda la ruta. Un camino estrecho y precario los une y nos lleva, sin perder altura, a nuestro destino: Malpás. Allí pasaremos la noche. Casa Pascual es el lugar que nos han reservado. Ya ha llegado el equipaje, y allí está también la señora, discreta y amable, pelando las patatas para nuestra cena. Perfecto. Nos comenta la dueña de la casa que sólo da alojamiento a ciclistas. Con ellos tiene suficiente. Sus medios son escasos y no podría acoger más huéspedes. Dormimos en habitaciones amplias con muebles antiguos. Las fotografías color sepia de sus antepasados, descoloridas por el tiempo, decoran las paredes. Recuerdos de familia, imágenes de padres y abuelos, herencia del tiempo y la memoria. Son las viejas casas de nuestros antepasados; cómodas de grandes cajones, arcones carcomidos y colchones de lana. Aquellas que formaron parte de nuestra niñez durante los largos y tediosos días de verano. Aquí, en Malpás, algunas décadas más, vuelves a reencontrarte con la infancia.

 

2ª Etapa. Malpás-Torre de Capdella. 40 km.

De la vall de Boí a la vall Fosca.

 

Un pronunciado descenso, estimulados por el aire fresco de la mañana, nos lleva al fondo del barranco de Malpás, cuya cabecera se encuentra cerca del pueblo de Castellars. En la Abadía podremos probar los canelones de setas, aunque es muy temprano para ello. Tere también hace buenos guisos, y las carnes a la brasa son extraordinarias. La Abadía es además, un lugar muy recomendable para dormir. A partir de aquí el ascenso se endurece y el paisaje se resiente, ya que estamos en la vertiente más meridional de toda la ruta. Es una etapa seca, aérea eso sí, y muy mediterránea, con tramos desolados y desprovistos de vegetación. En cuanto rebasemos el collado de Peranera, habremos llegado al punto más alto del día de hoy (1610 m).

 

Jordi Laparra, en su guía de Pedals de Foc, considera este collado como uno de los más duros y exigentes de toda la travesía, tanto por el fuerte desnivel como por el tipo de terreno. Seiscientos metros positivos, con tramos del 10% de pendiente por una pista de gravilla, es para tener en cuenta sus palabras y no perder los ánimos. El descenso es rápido hacia Erta y Sas, pequeños pueblos deshabitados. En Sas consigo fotografiar a uno de sus últimos vecinos realizando labores agrícolas en los pequeños huertos que rodean las casas. De nuevo comienza el ascenso y a pesar de la dureza, este tramo es de una belleza singular. Un nuevo collado a 1518 m y llegamos a la comarca del Pallars Jussà. Pronto comienza el asfalto, y con él, una fuerte bajada hacia el profundo valle que conforma el riu del Manyanet. Siguiendo uno de sus afluentes, un pequeño arroyo que nace cerca del Pic de Llena nos dirigimos hacia la aldea de Castellnou d’Avellanos, un tramo en suave ascenso de asfalto, hasta el cruce con Avellanos y la ermita de Sant Joan. Desde el cruce, la pista vuelve a ser de tierra, con piedra suelta y mayor pendiente. En uno de sus repechos tenemos la primera avería en nuestras bicis: rotura de cadena.

 

Ya es tarde por lo que no podemos perder mucho tiempo en la reparación. Eltronchacadenas, herramienta de poco peso y fácil manejo, es imprescindible. La rotura de cadena es una avería que puede ocurrir con cierta frecuencia en travesías largas donde las bicis están sometidas a un trato duro y exigente. La falta de limpieza y engrase junto con una mala utilización de los cambios, la pueden llegar a romper. Si la cadena, como era el caso de nuestro buen amigo Ángel, no la había cambiado nunca, entonces es normal que ocurra. La cadena de una bici de montaña debe cambiarse cada dos mil o tres mil kilómetros. De lo contrario nos exponemos a su rotura en el lugar menos esperado y cuando la queramos cambiar ya será demasiado tarde. Habrá deformado por la distensión de los eslabones, los dientes de platos y piñones, y entonces no habrá más remedio que cambiarlo todo. Y ya no serán los veinte euros de una cadena nueva. Cambiar todo el juego de platos y piñones es caro.

 

Otras herramientas imprescindibles para nuestras salidas, son un juego de llaves Allen, un juego de cables de freno, cámara de repuesto, bombín, parches, bridas y cinta aislante. Una herramienta multiusos con pequeños alicates, tijeras, navaja, destornillador y tronchacadenas, todo en la misma pieza, también nos puede ser de utilidad por lo práctica y ligera.

 

Solucionada la avería, seguimos en ascenso. Ya a la vista de la pequeña y solitaria población de Castellnou de Avellanos, comienza el sendero hacia el coll de l’Oli. Este camino de herradura, empedrado a tramos, unía los pueblos de ambos valles. Avellanos y Castellnou con Aguiró y Oveix, ya en la Vall Fosca. El ascenso, cargados con la bici al hombro, y el descenso, técnico y entretenido, nos obliga a bajar de nuestra montura con frecuencia. Si no tenemos la seguridad necesaria y vamos en tensión, es mejor seguir a pie. Una caída aquí podría ser fatal y con todo, un riesgo innecesario. En el último tramo de la bajada, el camino de piedra suelta y excavado en la roca, pasa junto a una cascada y sigue durante unos metros, el mismo arroyo de aguas cristalinas. Aguiró nos decepciona, la iglesia románica tiene una atroz intervención que rompe su equilibrio arquitectónico y daña la imagen del pueblo. Entramos de lleno en la Vall Fosca por Astell y Sant Martí. La Torre de Cabdella marcará el final de nuestra etapa. Cena y alojamiento en el albergue, bien atendidos pero poco espacio en las habitaciones. En la Torre de Capdella se dispone de un pequeño taller al aire libre donde podemos limpiar y poner a punto nuestras bicis.

 

3ª Etapa. La Torre de Capdella-Espot 47 km.

De la vall Fosca a la vall del riu Escrita.

 

Era previsible que algún día nos lloviese. Era previsible también, y por eso llevamos el equipo de invierno, que en alguna de las etapas bajasen las temperaturas. Pero la peor de las previsiones se cumplió en la peor de las etapas: la más dura, la mas expuesta, la que circula a mayor altitud y la que no pasa, durante todo el recorrido, por ningún pueblo ni tiene, en su tramo más alto, ningún refugio donde guarecerse en caso de mal tiempo. También es cierto que es la etapa reina, la más esperada de toda la travesía, y sin lugar a dudas, la de mayor belleza y espectacularidad: el paisaje alpino por excelencia, el que más nos acerca al cielo.

 

Entre el coll de Triador y el coll de la Portella son más de veinte kilómetros de una pista infinita que se pierde en un mar de montañas. Un ciclista solitario, que vemos a los lejos, apenas es perceptible, como una frágil bagatela en la inmensidad. Está realizando laTranspirenaica, por eso viene en sentido contrario y va cargado con pesadas alforjas. Al primer collado llegamos tras una larga y penosa subida que nos ha llevado más de dos horas de esfuerzo. Esfuerzo además, complicado con la lluvia persistente que no ha parado ni un momento y va calando en nuestro cuerpo. Una vez arriba el frío es tan intenso que apenas podemos estar unos segundos sin movernos. Mojados, la sensación térmica es mucho mas baja. Seguimos y el frío en las manos nos obliga a parar con frecuencia y tratar de resucitar nuestros dedos víctimas de un dolor insoportable. Los guantes de invierno se han quedado en el albergue. Nadie pensaba que fuesen a ser tan necesarios. Una vez más, la montaña nos enseña que nada está de sobra.

 

A medida que vamos avanzando, las nubes se van despejando y el sol, tímidamente, se alía con estos intrusos que se van acercando cada vez más a él. No quiero ni pensar que hubiera sido de nosotros si hubiese empeorado la tormenta en este tramo. La lluvia, que ha golpeado con fuerza nuestros rostros en el descenso, se va disipando hasta desaparecer. Ahora queda el barro a nuestros pies que complica el camino a seguir. El tiempo mejora y consigo reflejar el momento con mi pequeña Canon. Impresionante. Unos caballos al fondo delimitan con su silueta el perfil de un amplio otero colgado entre el cielo y el profundo valle. Y el arco iris aparece de repente como recompensa a nuestro esfuerzo. Un último tramo en ascenso nos lleva al coll de la Portella (2.268m), el punto culminante de Pedals de Foc. Nada señala este lugar, ni tampoco nada nos dice que estamos al ecuador de la travesía. Una sugerencia a sus organizadores: hace falta un pequeño y sencillo cartel que nos lo indique, o si no es posible, un humilde mojón de piedras. Siempre es motivo de orgullo en la montaña alcanzar los objetivos, el techo de todo nuestro recorrido.

 

El descenso hacia las pistas de Espot es vertiginoso. Antes habremos pasado junto al refugio de Cuatre Pins y disfrutado de unas impresionantes vistas sobre el circo d’Escart y la vall d’Aneu si la adrenalina no nos ha cegado los ojos. La bici está al límite de su resistencia, al contrario que nuestros ánimos que están al límite de la euforia. Desde la Torre de Cabdella no hemos parado de ascender. El collado de la Creu nos da paso a las pistas de Espot, cuyos remontes llegan hasta alturas considerables. En la vall Fosca nos ha impactado especialmente la tremenda urbanización de Espui y la construcción de nuevas pistas de esquí en uno de sus últimos reductos vírgenes: la vall del riu Filià. En Espot nos alojamos en el hotel Roya. Sencillo, sin pretensiones, pero suficiente para nuestro descanso y el de nuestras bicis… Antes, una breve parada en el albergue de les Daines al que hemos llegado tras un descenso rápido a través de un frondoso y bien conservado bosque de abetos.

 

4ª Etapa. Espot-El Gerdar 22 km.

(50 km. con la visita al Sant Maurici)

De la vall del Riu Escrita a la Bonaigua

 

Hoy se han retirado la mitad de nuestros amigos. Cansancio, agotamiento, problemas de trabajo… Continuamos. Como la etapa de hoy es corta, ya que decidimos hacer la ruta de Pedals en el mayor tiempo posible, visitaremos el Parque Nacional de Sant Maurici i Aigües Tortes. Hace más de veinte años que lo visité por primera vez. Todo sigue igual, l’estany de Sant Maurici, els Encantats, la cascada de Ratera. La protección del parque garantizó su conservación para el futuro, algo que ya no será posible en la vall d’Arreu ni en la vall de Filià.

 

Lo que sí ha cambiado en el entorno del parque nacional es el asfaltado de la pista de acceso. Así los taxistas pueden ir a mayor velocidad y cargar al mayor número de turistas posible. Hasta que algún día se carguen a alguien cuya mayor infracción habrá sido acceder tranquilamente en bicicleta o a pie. Catorce kilómetros nos separan del lago. Este tramo, especialmente peligroso por la velocidad con que conducen los taxistas de Espot, nos obliga a extremar las precauciones aunque poco podremos hacer ante la forma con que circulan, tanto de ida como de vuelta a fin de descargar la mayor cantidad de mercancía humana a la orilla del lago.

 

Una vez alcanzado el final del camino, al que llegamos sanos y salvos, dejamos las bicis y nos acercamos a la cascada de Ratera. Un grupo de turistas atienden las explicaciones del guía, quien describe con acierto las peculiaridades geológicas dels Encantats, las oscuras cumbres gemelas de granito, símbolo por excelencia del Parque Nacional. La temperatura es baja, inversamente proporcional a la altitud, por lo que nos obliga a equiparnos con toda la ropa de abrigo que llevamos en la mochila. Volvemos a Espot y desayunamos generosamente. Comenzamos a media mañana la etapa que nos queda hasta el refugio del Gerdar.

 

Al poco de dejar Espot nuestro camino comienza a tomar altura. A vista de pájaro sobre los valles que van quedando a nuestros pies, alcanzamos los pueblos de Jou y Son. El Noguera-Pallaresa vertebra de norte a sur toda la comarca y aporta sus aguas al embalse de la Torrasa. Una serie de pequeños pueblos sobreviven colgados en las laderas. Dorve, Escalarre, Burgo y Llavorre, junto con algunas ermitas apenas visibles desde la distancia como Sant Roc o Santa María de Aneu. Todo este escenario abierto y aéreo, queda frente a nosotros que avanzamos, en calma y sosiego, hasta Son, donde el conjunto románico de San Justo y Pastor, merecen una detenida visita. Justo enfrente, Eduard nos recibe en su casa, Casa Masover, un buen lugar para comer y dormir. La sopa de cebolla que nos ha preparado su mujer, no puede esperar. Dejamos la visita cultural para después. Sería imperdonable que se enfriase.

 

El conjunto monumental románico de Son es como una ventana abierta al pasado medieval de esta población. Desde lo alto de su campanario podemos imaginar todos los elementos que formaban parte de la religiosidad popular, sus creencias y rituales. Un mundo feudal, temeroso y sometido, que reflejaba en sus construcciones la mentalidad de la época, el miedo a lo desconocido. Lo primero que nos llama la atención es el campanario de estilo lombardo. La iglesia, con un solo ábside, el cementerio y la torre forman un todo armónico y estéticamente perfecto, a pesar de las modificaciones sufridas a lo largo de los años. La torre, en uno de sus ángulos, está fortificada, y era utilizada para alejar las tempestades. Un anciano nos abre la iglesia y podemos contemplar su interior desgastado por el tiempo. Todavía conserva en buen estado un valioso retablo gótico del siglo XV junto con algunas pinturas.

 

Seguimos nuestro viaje por la senda que sale tras la iglesia, un camino estrecho a media ladera que nos lleva hacia la mata de Valencia, el bosque de abetos más extenso de la Península Ibérica. Tras una serie de cruces y variantes sin mayor complicación que fijarse en el cuaderno de ruta, llegamos a la entrada del bosque del Gerdar, la reserva integral dentro de la mata y que forma parte del Parque Nacional. De ahí que las normas de protección sean muy estrictas y no se permite cruzarlo montados. Hemos de bajar de la bici y seguir el tramo a pie. Se pretende así alterar lo menos posible el ecosistema y evitar la erosión. Son las normas y hemos de respetarlas. Siempre he tenido claro que si las pistas forestales o caminos anchos son para las bicis, los senderos lo son para los caminantes. En su origen fueron creados, al igual que los caminos de herradura, para circular a pie. A lo sumo, acompañados de un mulo con alforjas. Los caminos carreteros, algo más anchos, pistas, veredas o antiguas vías de ferrocarril abandonadas, al igual que las pequeñas y estrechas carreteras de montaña son ideales para el ciclista.

 

Perdidas las actividades tradicionales que fueron el origen de su trazado, a veces con gran esfuerzo colectivo especialmente aquellos que fueron empedrados y con márgenes o escalones, para salvar el desnivel, a veces excavados en la roca. Las sendas, aún cuestionando que puedan o no ser erosionadas por las ruedas de una bici, no deben ser utilizadas por los ciclistas salvo casos necesarios para enlazar un circular o completar una travesía. Cuando el enlace entre caminos no se puede hacer por otra vía, procuraremos ser lo más respetuosos posible. Es aconsejable bajar de la bici aunque a tramos sea ciclable. También por nuestra propia seguridad (los accidentes más graves los he visto en las trialeras). De lo que se trata en definitiva es evitar la prohibición total de las bicis como ya ha ocurrido en algunos parques naturales. Las consecuencias de este abuso las pagamos todos. Por ello, es el sentido común el que nos indicará el grado de impacto que podamos ocasionar. Y por supuesto, debe evitarse la utilización de los senderos con fines competitivos que implican un acceso masificado.

 

Una advertencia: si aún a pesar de nuestros consejos y la normativa del parque, hay quien se empeña en pasar montado, es posible encontrarse por sorpresa con los agentes forestales al final del sendero, justo después del puente sobre el río de Cabanes. Si nos han visto, nos denunciarán. Es esa situación de intransigencia la que debemos evitar a toda costa que se extienda al resto de los parques protegidos. Al fin y al cabo, la bicicleta es el medio de transporte más respetuoso que existe. Llegamos a la pista forestal. Y al final de la misma, el refugio del Gerdar, donde esa noche seremos sus únicos huéspedes.

 

5ª Etapa. Gerdar-Montgarri. 31 kms

De la vall de la Bonaigua a la vall d’Aneu.

 

El refugio del Gerdar es una calma abrumadora. A pesar de la cercanía del Port de la Bonaigua, la frondosidad del bosque de Abetos, mantiene el lugar aislado. En la carretera hay un hotel para los más exigentes, dentro también de la red de reservas de Pedals de Foc. Compensa con creces la atención con que nos trataron los guardas. La cena en el sencillo comedor tenía el ambiente de los refugios de montaña, la sensación de inquietud que te invade la noche antes de una ascensión, la curiosidad del viajero por conocer lo desconocido, la aventura de la vida que nos hace formar parte del mundo que nos rodea, en ese mismo instante que jamás se volverá a repetir. Como tampoco se repetirán las sensaciones al recorrer, por primera vez, el Noguera Pallaresa hasta su nacimiento en el Pla de Beret. Las poblaciones de la vall d’Arreu nos invitan a circular por la autenticidad más profunda. San Joan d’Isil nos espera, por sorpresa, en la curva anterior a la entrada de la población. Este lugar ya aparece documentado en el siglo X. Lo primero que observamos es su ubicación: junto al Noguera Pallaresa, tan cerca del cauce que el mismo zócalo de la cabecera se construyó sobre el río. Las tres naves de que consta, rematadas por tres ábsides también están sobre el río. El cementerio envuelve el conjunto presidido por el pórtico al más puro estilo románico, igual que el resto de los elementos que componen la iglesia.

 

Unos pocos kilómetros después pasamos por Alós d’Isil y desde aquí ya no volveremos a ver ningún pueblo hasta el Valle de Arán. Comienza un largo recorrido que, desde mi punto de vista es uno de los más intensos de toda la ruta de Pedals de Foc. La cercanía de Montgarri parece intuirse pues el paisaje es de una magnificencia difícil de explicar. Prados de altura, valles que se cierran y se abren, bosques de pino rojo, cumbres que superan los dos mil metros y bordas de pastores ancladas en el tiempo. Los caballos pastan con entera libertad en un estado semisalvaje. Estamos en el Parque Natural del Alto Pirineo entre las comarcas del Pallars Sobirà y l’Alt Urgell. Con casi 70.000 ha, es el parque natural más grande de Cataluña y comprende una parte importante de la zona axial donde se localizan las mayores alturas junto con alguno de los lagos glaciares más extensos de toda la cordillera.

 

Llegamos a Montgarri al atarceder. El lugar es solitario, estremecedor por su belleza, intacto casi, desde que en el siglo XII se construyó la iglesia. Un poco antes, las casas en ruinas de lo que fue el antiguo pueblo abandonado se van hundiendo, vencidas por el tiempo y la desolación. En lo que fue la casa de la rectoría, junto al mismo santuario, pasaremos la noche. Fue rehabilitada y restaurada para convertirla en un refugio de montaña. Austero, sencillo, con sólo con lo necesario para dormir, litera y manta, pero con un trato excelente y una comida extraordinaria, algo poco habitual en los refugios. Montgarri está situado entre lavall de Arán i la vall d’Aneu, junto a la misma cabecera del Noguera Pallaresa. Es en realidad una prolongación del Pla de Beret hacia la vertiente francesa, un amplio collado que siempre fue zona de paso entre ambos países. Un poco más arriba, cerca de Bagergue y a los pies del Cap deth Solan, nace el riu Garona, cuyas aguas se pierden en el país vecino.

 

A finales del siglo XIX, cuando el Pla de Beret todavía no había sido convertido en un gran parking para esquiadores, subían por aquí a los pastos de Montgarri más de sesenta mil cabezas de ganado y los pastores, ataviados con su vestimenta tradicional, visitaban el santuario una vez al año para asistir a la rogativa y dejar ofrendas a la virgen. Poco antes de cenar, con luz mortecina y las sombras de las cumbres que se prolongan hasta el infinito, damos una vuelta por los alrededores y entramos en la iglesia todavía abierta. Colgada en una de las paredes desconchadas por el tiempo y la humedad, hay una carta de Jacinto Verdaguer destinada a su amigo Jaume Collell. Mossèn Cinto Verdaguer fue el poeta más grande de la Renaixença y uno de los autores más geniales de la literatura catalana de todos los tiempos. El manuscrito está fechado en agosto de 1883 y en él describe l’Aplec que todos los años por la Asunción realizan los pastores y payeses desde ambos lados de los Pirineos; su forma de vestir, sus orígenes, sus costumbres y las viandas que le ofrecen a la virgen.

 

Es nuestra última noche, y es además, de las que se recuerdan para siempre. Porque nuestro viaje no podía tener mejor despedida. Ni en este lugar, cubierto de estrellas, nos podían tratar mejor. Quim y los suyos siguen allí, a la espera del invierno, para alojar también a los trineos y sus perros, que llegarán agotados por la nieve.

 

6ª Etapa. Montgarri a Vielha. 25 km

La vall d’Arán.

 

Pedals de Foc toca a su fin. Madrugamos para llegar pronto a Viella. El tramo de ligero ascenso hasta el Pla de Beret es agradable y sin apenas desnivel. Alterna retazos de bosque con prados de altura. Dejamos atrás las ruinas de una borda y cruzamos uno de los afluentes de la Noguera Pallaresa que seguimos fieles a su cauce en todo momento. El río va perdiendo fuerza y vigor. Apenas lleva agua y la depresión indica que nos acercamos a su nacimiento. Atrás queda Montgarri, envuelto en la sublime magnificencia de su entorno. A la sombra del Tuc dels Bandolers todo el paisaje gira en torno a él, y mires donde mires, nuestros ojos tienden a fijarse en el santuario vigilado eternamente por una cruz de hierro que fue durante siglos, hito y guía en el camino.

 

El Pla de Beret es la verdadera divisoria de los ríos Garona y Noguera-Pallaresa. El Valle de Arán, desde el punto de vista estrictamente físico comienza en Beret. El Garona lleva su aguas a Bordeus y el Noguera Pallaresa al Mediterráneo. Es el único valle de vocación atlántica y esto explica también que su vía de comunicación natural fuese siempre hacia tierras gasconas. Aunque desde el siglo XII el Valle de Arán ya formaba parte de la Corona de Aragón, los araneses encontraban en las tierras de Occitania todo aquello que la montaña no les podía ofrecer. Una tercera parte del territorio aranés se encuentra por encima de los dos mil metros, y las montañas que lo envuelven forman una barrera natural, condicionada por la dureza de su clima y el aislamiento al que históricamente ha estado sometido. Estas circunstancias explican el hecho de que se conserve una lengua y cultura propias con marcadas diferencias con respecto al resto de Cataluña.

 

El ultimo tramo es de autentica BTT. La ruta sorprende porque a pesar de seguir el valle principal por donde circula la carretera que une los pueblos, el asfalto apenas lo tocamos. Y el río Garona a veces se intuye y se oye, pero no se ve. El camino sigue entre bosques de ribera y a media ladera por las montañas que cierran el valle. El sendero de descenso desde el Pla de Beret ha sido corto, pero muy emocionante, el último tramo, técnico y difícil. Los pueblos de Salardú, Artíes y Garós nos van diciendo adiós a nuestro paso. Y su patrimonio cultural nos pasará, sin quererlo, inadvertido.

 

Cansados y orgullosos por haber cumplido el objetivo, llegamos a Viella. Es visita obligada ir a la oficina de Pedals de Foc, ubicada en una de las casas de la calle Arnals. Pep, como el sacristán de Santiago de Compostela al final del camino, comprueba que la credencial está sellada en todos los controles, te felicita por tu viaje, aunque él, mas discreto, no te pregunte las razones que te han motivado a hacerlo: si espirituales o deportivas. Y en vez de lacompostelana y de la indulgencia plenaria, te obsequiará con un maillot de colores indiscretos, que luciremos, orgullosos, por la Calderona.

 

Hemos finalizado una de las travesías en bici más sugestivas de Europa y un viaje de esfuerzo, tesón y constancia por el intrincado mundo de los Pirineos, un mérito añadido para los no acostumbrados a las largas travesías. Una aventura emocionante por un escenario colmado de sorpresas y sensaciones donde hemos sentido, en definitiva, el placer de la libertad.

 

FICHA TÉCNICA

 

Distancia total: 250 Km.

Desnivel acumulado: 6000 m

Senderos: 18 Km.

Pista forestal: 165 Km.

Carretera asfaltada: 67 Km.

 

DOCUMENTACIÓN

 

• Imprescindible el libro de Jordi Laparra. “Pedals de Foc. Gran Ruta BTT per la Ribargorça, el Pallars i la Val d’Aran” de la Editorial Alpina. Granollers, 2007

 

• El mapa de Pedals de Foc, de la Editorial Alpina. Escala 1:66.000

 

• Cuaderno de ruta o Road Book, que nos facilitarán a la inscripción. En él está detallado todo el rutómetro. Es imposible perderse

 

CONSEJOS Y SUGERENCIAS

 

 

• Pedals de Foc es una empresa y como tal, tiene registrada la marca y todos los derechos. Funciona como una central de reservas que te gestiona los alojamientos y puede encargarse de trasladar el equipaje de hotel en hotel e incluso facilitar un guía que os acompañe, pero no se hace responsable de los accidentes que puedan ocurrir durante las etapas. Es muy importante tener claro este concepto para evitar sorpresas desagradables. Por ello es conveniente contratar un seguro de accidentes o estar en posesión de la tarjeta federativa de montaña. Una evacuación puede ser complicada y la atención médica también, según el lugar donde nos encontremos• Llevad siempre ropa de abrigo incluso en verano, sobre todo prendas técnicas y de calidad. Un impermeable transpirable (Goretex o similar) que corte el viento y evite la lluvia es imprescindible. Aquí las tres capas de protección son fundamentales pues estamos en un clima de montaña con tramos de altura muy expuestos

 

• Casco obligatorio, guantes y gafas de sol. Gafas claras para el atardecer. Los insectos pueden dañarnos los ojos si no llevamos protección

 

• Crema solar y lápiz labial

 

• Pequeña mochila de ataque. Nos regalarán una al comienzo de la travesía. En ella podemos llevar barritas energéticas, la cámara de fotos y el impermeable de uso inmediato

 

• Si tenemos que llevar el equipaje, hay que ser muy comedidos y seleccionar la ropa al máximo. Una muda para el hotel o refugio, y dos para la bici. Mini bolsa de aseo, jabón para ropa, pañuelo o foulard, toalla de poco peso que se seque rápido, chanclas o sandalias ligeras y un Polartec 100 será suficiente. Todo en una bolsa estanca a lo largo del portaequipajes. No utilizar alforjas, nos desequilibran la bici en las bajadas y tendremos muchos problemas con ellas ya que los senderos son estrechos en muchos tramos y con abundante vegetación

 

• Ten a mano siempre los teléfonos de los alojamientos donde nos esperan. También los teléfonos de emergencia y por supuesto, que no se te olvide el móvil

 

• Muy importante el tema de las herramientas. Si vamos en grupo podemos compartir el peso, pero no debemos olvidar el troncha cadenas, cámaras de repuesto y parches, cinta aislante, un juego de llaves Allen, cables para frenos, alicates pequeños, tijeras, navaja y sobre todo el bombín

 

• Especial precaución a la tercera etapa, de Torre de Capdella hasta Espot. No hay ningún pueblo en todo el trayecto que supera los cincuenta kilómetros. Hacer previsión de agua y comida para todo el día

 

• Poner a punto la bicicleta antes de salir. Un buen mecánico te la dejará en condiciones de circular por estos caminos sin problemas. Si los componentes son de calidad, al igual que la bici, no tenemos porqué tener ninguna avería

 

• Sé prudente en todo momento y guarda fuerzas para el final del día. Nunca se sabe lo que puede pasar ni tengas prisa en la montaña. Si es necesario, hay que saber renunciar

 

• Vela por tu seguridad y la de tus compañeros. Se solidario con los desconocidos que puedan precisar de tus conocimientos o de tus herramientas

 

• Cuidado con los vehículos todo terreno o quads, especialmente en los descensos. Afortunadamente en algunos lugares ya está prohibido su acceso. En la Comunidad Valenciana, los quads ya no pueden circular por las pistas forestales

 

• Cuida y respeta las fuentes. Son lo más preciado que podemos encontrar en la montaña. No dejes ni entierres basura. Llévatela siempre contigo. Que no se note tu presencia

 

• Circula por el camino. Los atajos rompen la traza y contribuyen a la erosión

 

• No hace falta recordar que la bicicleta debe ser de calidad, y en ello hemos de ser consecuentes. Nos jugamos nuestra integridad física

 

La idea surgió a raíz del éxito obtenido por Carros de Foc, una gran ruta circular a pie que enlazaba los refugios del Valle de Arán y el Parque Nacional de Sant Maurici i Aigües Tortes.

 

El recorrido, de cierta dureza y espectacular trazado, supera los 220 Km. de distancia y los 5500 metros de desnivel acumulado. Su realización íntegra es una experiencia única y un reto deportivo que nos permite descubrir una nueva dimensión de los Pirineos. Un viaje en sentido circular para los amantes de la soledad y el silencio, de la naturaleza en su estado puro, un itinerario por los parajes más hermosos y mejor conservados de una de las cordille

ras más importantes de Europa.