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El mejor jugador del año

Golf Mejor Jugador Del Año

Golf Mejor Jugador Del Año

Hay tres candidatos muy claros para la victoria esta temporada: Luke DonaldWebb Simpson yKeegan Bradley. Los jugadores votarán a quien crean que lo ha merecido más pero, ¿en qué se basa este criterio de elección? ¿es la victoria en un grande imprescindible o basta sumar top-10s? ¿cuentan las victorias de un jugador en Europa? No parece haber un sistema claro y de haberlo, probablemente fuera injusto. Entre el año 1999 y el 2009 Tiger Woods consiguió nada menos que nueve de estos galardones con una superioridad insultante y aplastando cualquier tipo de dudas, pero desde que su nivel de juego bajó varios peldaños la relatividad y la incertidumbre se han instaurado al entregar este premio cada final de año.

Si entregáramos diez puntos por cada top-10 obtenido esta temporada, otros diez si se finaliza entre los cinco primeros y otros diez por victoria, Luke Donald podría considerarse el ganador. Ha participado en 18 eventos este año pertenecientes al PGA Tour y en 13 de ellos ha finalizado entre los diez mejores; contando además con una victoria, dos segundos puestos y dos terceros. Es el paradigma de la regularidad, el golpe correcto y el gesto tranquilo. Las dudas que genera van mucho más referidas a su capacidad de alcanzar la victoria. Dentro de la perfección que es capaz de generar en su juego, en un momento determinado, cuando la victoria se está decidiendo, se echa de menos un chispazo que haga caer un putt unos centímetros más hacia el hoyo o un golpe imposible que cambie el curso de los acontecimientos. Si hubiera conseguido agarrar, en vez de generar, una victoria durante este año, no tendría rival. Es el número uno.

El caso de Keegan Bradley es justo el contrario. Su juego este año ha sido lo más parecido a un torbellino en el que sus virtudes han ido golpeándose unas con otras hasta que alcanzaban, ciertas semanas, la calma necesaria para sonar conjuntamente. De ahí que de los 28 torneos que ha jugado haya perdido diez cortes pero haya quedado doce veces entre los 25 mejores, cuatro en top10 y haya conseguido dos victorias. La que consiguió en Atlanta en el PGA Championship representó justo el momento en el que su actitud en el campo y todas las facetas de su juego se armonizaron para alzarle como un grandísimo jugador. Probablemente no le gane a los puntos a Donald ni en el mejor de los combates pero amigos, el día en que tenga su noche y los focos le alumbren directamente a él, Keegan es el mejor del año. Si le eligen frente a Donald elegirán también su capacidad de destacar en un momento de presión.

Webb Simpson ha presentado los resultados necesarios para ser ascendido al final del ejercicio. En Mayo se había quedado dos veces a las puertas de la victoria, una de ellas frente a Bubba Watson en un playoff gracias a un golpe que nadie, ni siquiera las cámaras, pudieron ver. Sus dos victorias llegaron en apenas tres semanas y se podrían atribuir a una borrachera de buen juego pero su participación en 24 torneos habla por sí sola: 21 cortes. Al final de la primera jornada del The McGladrey Classic, que se está jugando esta semana en Georgia, está líder y probablemente pase a ser el jugador que más dinero recaude este año. Puede que sea el impulso necesario que le haga falta para alzarse por encima del resto. Él, más que ningún otro, tiene los números de su parte y un curriculum impecable.

Hay otro jugador que al no centrarse en el PGA Tour este año no cuenta para el galardón final pero no por eso deberíamos dejar de considerarle el “Player of the Year”. Pertenece al grupo de jugadores que han perdido, por sus propios méritos, un grande. A diferencia de muchos integrantes de ese grupo no sólo consiguió mirarse al espejo y salir adelante, sino que además tuvo la capacidad, casi sobrenatural, de ganar el siguiente que jugó: el U.S. Open. Rory McIlory no está ni siquiera considerado a este galardón pero el viaje por el desierto que atravesó se ha llevado de por medio a muchos otros grandes. El resto del año le ha servido para digerir esa victoria pero sus números nada tienen que envidiar al resto: 10 eventos, nueve cortes y siete top-25, cuatro top10. Un porcentaje también complicado de batir. El trofeo se entrega, más que justamente, al que mejor haya jugado y más torneos haya ganado, sin embargo, el camino que llevó a Rory de perder el Masters a ganar de una forma tan abrumadora el U.S. Open está al alcance de tan pocos jugadores que se merece una mención especial porque es raro y brillante. No va a ganar el galardón (¡haced vuestras apuestas!) pero para muchos es lo mejor que hemos visto en 2011.