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PGA Championship 2011: cuestiones a resolver

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Open es el grande más temido y complicado, en el que el campo se prepara para destrozar el juego de cualquier jugador (excepto el de Rory McIlroy). Poco queda por decir sobre el The Open, el torneo de los torneos por ser el primero, completamente distinto a sus compañeros y el único que se juega en un links. ¿Qué hay del PGA Championship? No hay ningún símbolo distintivo asociado al cuarto grande del año y es probablemente una de las causas por las que un quinto gran torneo se antoje imposible.Geoff Ogilvy fue preguntado sobre esta aparente falta de carisma y la respuesta no tiene desperdicio.

Pregunta: “¿Qué hace al PGA Championship especial?” Respuesta: “Es el otro grande”. Así de simple. Los mejores jugadores del mundo se reúnen cada año desde hace 92 ediciones para luchar por uno de los cuatro torneos más prestigiosos que se pueden ganar a nivel individual en el golf profesional. Walter Hagen, Sam Snead, Ben Hogan, Byron Nelson, Jack Nicklaus. Pasados campeones del PGA esperan a este domingo para que la historia del torneo que una vez ganaron prosiga su curso y alce a otro gran jugador entre el resto. Un campo en condiciones excelentes y lo mejor del golf mundial compitiendo. ¿Hace falta algo más?

Hay varios interrogantes a despejar en la edición de este año. La primera de ellas incluye, como no, al gran Tiger Woods. El estado de su juego era un incógnita cuando después de retirarse participó en el Masters de Augusta, que parece que se jugó hace una eternidad. La intermitencia ha sido la que ha caracterizado su juego desde entonces. Las lesiones, un calendario muy selecto, ruedas de prensa anodinas y una vida personal llevada hasta la más estricta privacidad hacen que no tengamos una idea muy clara de sus posibilidades. Cada vez que vuelve a la competición esperamos ver algo distinto, pero como decía Luke Donald esta semana, “me sorprendería que Tiger ganara esta semana”, e incluso podemos intuir que él tampoco lo espera: “Una temporada sin más lesiones sería un triunfo”. Ahora bien, que alce la voz quien se atreva a descartarle por completo.

El otro gran interrogante tiene el nombre de Rory McIlroy y no está tan condicionado por el juego que está desplegando este año, que le hace favorito para la victoria, sino más bien por todo lo que ello conlleva. Son veintidós años, carisma a raudales y una victoria en el U.S. Open, una combinación nada menos que peligrosa para digerir. Durante las últimas semanas le hemos visto salirse de la línea marcada por la prudencia con algunas declaraciones e incluso contradecirse a sí mismo, cambiando sus planes para el próximo año e indicando que volverá a formar parte del PGA Tour. Son días de ruido y furia para el norirlandés y su juego de tee a green es el único que no parece inmutarse ante todo lo que acontece alrededor. La pregunta es: ¿le pasará factura esta semana?

Adam Scott y Steve Williams demostraron la semana pasada que forman un gran equipo. El ex-caddie de Tiger no estuvo muy hábil delante de las cámaras pero sí que lo es llevando la bolsa al hombro y hablándole a sus jugadores, utilizando las palabras adecuadas en el momento apropiado. Adam está jugando muy bien este año pero una victoria el domingo haría tambalearse nuestras concepciones del papel del caddie en el golf profesional, hasta el punto que el propio Woods sentiría los temblores. Sería un desarrollo de los acontecimientos totalmente inesperado pero no por ello menos apetecible y resucitaría un debate que parecía enterrado en tiempos lejanos.

La pregunta de si Dustin Johnson se quedara de nuevo a las puertas de la victoria, si Luke Donald hará un nuevo top-10 (y nada más) o de si Lee Westwood no es un jugador de grandes no harán sino que disfrutemos aún más de este torneo. No olvidemos que es el último grande de este año, ya tendremos meses para echarlo de menos.